Introducción

Comenzamos la Revista con un número estrictamente metálico: Nada de madera, ni de telas, ni de piedras, ni de cerámica o marfil. Sólo metal. Esperamos que esto no lo haga demasiado pesado.

Los artículos van apareciendo en un orden más o menos cronológico, con aquellos que tratan de piezas más antiguas situados delante y los que se ocupan de las más modernas al final –con la excepción en este número del voluminoso artículo de Rafael Frochoso dedicado a las monedas de la Taifa de Toledo, que por razones de envergadura ha sido colocado al final-.

Así, el primer artículo nos traslada a la Conquista, y en él Sebastián Gaspariño y Tawfiq Ibrahim nos presentan un precinto de plomo de los utilizados en el reparto del botín correspondiente a la conquista de Rayyo. Pieza inédita y fundamental que viene a corroborar los datos de las Crónicas.

En el siguiente artículo Tawfiq Ibrahim presenta una pieza tan vistosa como importante: un dírham acuñado en al-Andalus en el año 144, que pasa a ser la pieza más antigua atribuible al emir ‘Abd al-Rahman I.

Sebastián Gaspariño trae a continuación un nuevo precinto califal de bronce, de los utilizados para sellar los contenedores del dinero que acompañaba a las expediciones militares para pagar a las tropas. El escaso número de los precintos de este tipo conservados hace que cualquier nueva pieza sea una aportación importante.

Por la razón cronológica esgrimida al principio, vuelve a ser Sebastián Gaspariño el que nos muestra ahora una moneda que atribuye a un reyezuelo de Nakur reconociendo al emir Zirí de Qayrawan, vasallo a su vez del califa Fatimí de Egipto. Todos ellos –según el autor- aparecen citados en la moneda.

David Francés da continuación a la Revista con un artículo en el que resuelve un error en el Suplemento de “Los Reyes de Taifas”, de Prieto y Vives, relacionado con los reyes de la Taifa de Valencia, y devuelve con perspicacia cada moneda a su dueño.

Abundando en la atribución a cada cual de lo suyo, Jaime Pérez y David Francés analizan ahora un hermoso morabetino aparecido en el mercado internacional y corrigen con solvencia las lecturas y atribuciones que ha recibido.

Otra vez Jaime Pérez estudia a seguido las sugestivas piezas cuadradas conocidas como “dobles dirhames”, tanto en su vertiente africana como nazarí, y esboza una no menos sugestiva teoría sobre su origen y función, considerándolas acuñaciones funerarias.

Sobre los Nazaríes versa también el artículo de Salvador Fontenla, que presenta unas piezas de plomo atribuibles al último sultán de Granada, Boabdil, acompañadas –como era de esperar- de toda una teoría sobre su elaboración.

Terminamos con un más que extenso artículo de Rafael Frochoso dedicado a las monedas de la Taifa de Toledo, y en el que analiza con su acostumbrada pulcritud y minuciosidad las distintas leyendas centrales que las adornaron.

Y para ser el primer número no podemos pedir más: Aquí están representadas las mejores épocas de la Historia de al-Andalus, se reparan errores, se elaboran teorías y se presentan piezas hasta ahora desconocidas, en línea con el objetivo expreso de la Revista: Dar a conocer y divulgar.

En cuanto a los autores, sólo podemos decir de ellos que son todos los que están, aunque por supuesto no están todos los que son.